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Se trata de un conjunto compuesto por diversas construcciones que se disponen escalonadamente a lo largo de una ladera de pronunciada pendiente que arranca de la orilla del río Gállego. No se conserva ningún resto del molino y las construcciones que aún siguen en pie se encuentran en un avanzado estado de ruina, que, unido a la abundancia de vegetación, dificulta discernir la configuración y las posibles funciones de varias de ellas.
Las construcciones mejor conservadas se encuentran en la parte superior de la ladera, junto a la carretera. Allí puede verse aún un antiguo mesón con un posible almacén anexo, los restos de la vivienda de los molineros y lo que parecen las ruinas de un torreón defensivo de planta semicircular. Todo ello se encuentra en el interior de un gran recinto murado, realizado a base de mampuestos de considerable tamaño, al que se accede a través de un portalón con tejadillo de teja a dos aguas.
Mesón de casa Cosme de Santa Eulalia. Es un edificio de planta rectangular, casi cuadrada, y tres pisos más falsa. Está realizado con mampostería encalada y cubierto con teja a cuatro aguas. En su fachada destaca la puerta, en arco rebajado; el resto de los huecos (balcones en la primera planta y ventanas de diversos tamaño en las superiores) son sencillos vanos adintelados. Aparte de dar alojamiento a los viajeros, servía como casa de postas para el relevo de las caballerías de las diligencias que viajaban desde Zaragoza. En su fachada consta la fecha de 1863, que corresponde a su construcción; poco después, en 1866, fue vendido a Eléctricas Reunidas de Zaragoza, que lo utilizó como domicilio de algunos de sus empleados.
Junto a la casa se elevan las ruinas de un gran edificio de planta rectangular y dos pisos de altura, muy cerrado, que parece haber servido como almacén.
En el extremo sur del recinto murado se elevan las ruinas de la vivienda de la familia Gavín, última propietaria del molino. De planta rectangular, contó con tres pisos de altura, aunque actualmente solo se conserva una parte de su perímetro de mampostería casi totalmente cubierto por la vegetación.
En otro de los extremos del recinto, frente al mesón e inmediatamente sobre la pendiente que mira al río, se elevan las ruinas de una construcción semicircular de mampostería que tiene el aspecto de haber sido un torreón defensivo. Presenta algunas aberturas circulares que pudieron haber servido como troneras. Aunque integrado actualmente en el conjunto del molino, se ha supuesto que, junto con los restos de algunos muros apenas ya visibles hoy en día, formara parte de una fortificación destinada a controlar el paso del río.
Ladera abajo se van escalonando otros edificios, la mayor parte de los cuales parecen haber sido dependencias auxiliares del molino, cuya avanzada ruina y el exceso de vegetación impiden analizar adecuadamente.
Inmediatamente por debajo de casa Gavín se elevan los restos de un gran edificio de planta rectangular, cuyo muro frontal presenta un quiebro en ángulo, que contó con varios pisos de altura.
Más abajo se elevan los restos de un alto edificio de planta cuadrada. El acceso resulta imposible en la actualidad.
Como se ha indicado, el molino, situado en las proximidades del cauce del Gállego, desapareció totalmente hace pocas décadas. Constaba de dos cuerpos adosados, uno de dos plantas, donde se encontraban las muelas y una minicentral eléctrica, y otro de cuatro, utilizado como vivienda, más algunas pequeñas construcciones auxiliares.
El molino se abastecía de agua mediante un azud situado aguas arriba; construido con estacas de madera, al parecer es posible ver algunos de sus restos en determinadas épocas del año.
Derivaba el agua hacia un canal cuya embocadura todavía se conserva y presenta gran interés. Es una obra de sillería en cuyo frente se abren tres bocas adinteladas, separadas por tajamares triangulares. Fue realizado en 1741 por el maestro Francisco Velasco.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002